Cuando decidimos hacer una escapada a la costa almeriense el ultimo fin de semana de agosto,no contábamos con la ola de calor, pero bueno ya estábamos embarcados así que intentamos disfrutarlo a pesar de las altas temperaturas, para ello elegimos vestidos de algodón finos y blancos, sandalias cómodas y una gran dosis de buen humor. Lo cierto es que Mojacar tiene encanto mas que suficiente como para motivarte a visitarlo porque cada una de sus callejas te sorprende con maravillosos rincones llenos de encanto, las paredes encaladas se adornan con gran variedad de adornos florales que van desde unas simples macetas colgadas en las paredes o tupidas enredaderas que cubren balcones y fachadas salpicadas de flores de todos los colores. Un regalo para los sentidos.
Las mañanas (más calurosas) las pasábamos en la playa, sin apenas salir del agua que parecía una gran marmita de agua tibia, sin oleaje pero deliciosa.
Antes de marchar le prometí a mi querida Abu que le traería un trocito de playa. Espero que te guste.
En Mojácar pervive, cómo en ningún otro rincón de Andalucía, una encantadora y admirable fidelidad al pasado árabe. Emplazamiento excepcional cómo atalaya que domina el horizonte. Mojácar ha sido pieza codiciada por muchos pueblos de la antigüedad. Asentada en la comarca, cuna de la cultura Argárica o del Bronce, cuyos restos nos sitúan a 2.000 años A.C.
También los Fenicios y los Cartagineses se sintieron atraídos por la noticia de estos pueblos florecientes dónde podrían comerciar. Cuando los griegos ocuparon la región, denominaron a esta Atalaya Murgis Akra. Murgis en la altura, de ahí la derivación latina Moxacar, La Muxacra árabe que da pie al nombre actual de Mojácar. Establecidos los árabes en España a principios del siglo VII, Mojácar conoció su mayor esplendor en su dependencia al Califato de Córdoba, ya que su número de habitantes y su situación privilegiada la hacían plaza inexpugnable. Al incorporarse al Sultanato Nazari, quedó convertida en zona fronteriza, se levantaron y reforzaron las torres de vigilancia y defensa y se vio envuelta en numerosas batallas, como la trágica de 1435. El 10 de junio de 1488 los alcaides de la comarca acuden por fin a rendirse ante los Reyes Católicos, sin embargo el alcaide de Mojácar no acude, por considerarse tan español como ellos. En tal ocasión tuvo lugar la histórica entrevista en la Fuente Pública, en la que se establece un pacto de convivencia entre cristianos, árabes y judíos.
Mojácar fue ciudad floreciente hasta bien entrado el siglo XVIII, en lo militar, civil y eclesiástico. La población llega a cifrarse en 10.000 personas. Hacia la mitad del siglo XVIII se inicia el decaimiento de la ciudad. Pertinaces sequías que merman al pueblo agricultor son el motivo del éxodo hacia Sudamérica y posteriormente a Cataluña y Europa. La despoblación adquirió carácter alarmante. Pero el milagro llegó en forma de turismo, que lejos de destruir la auténtica fisonomía de su pueblo y de sus gentes hizo que el visitante continuaran admirando su pasado, su arquitectura, el color blanco de sus casas y el carácter abierto de gentes que heredaron la tolerancia y convivencia de diversas culturas y religiones.
No se puede hablar de Mojacar sin detenerse el Indalo, este símbolo se encuentra presente en todo el pueblo y puede decirse que es el símbolo de la localidad.
El indalo es una figura de origen ancestral que se encuentra en la Cueva de los Letreros, situada en la falda del Maimón, en el municipio de Vélez-Blanco (Almería, España). Se trata de una pintura rupestre del Neolítico tardío o Edad del Cobre. Representa a una figura humana con los brazos extendidos y un arco sobre sus manos, si bien su significado no ha sido aún esclarecido de forma definitiva existiendo también varias teorías que apuntan a cierta divinidad en el dibujo.
Indalo.La Cueva de los Letreros y más concretamente el Indalo, fueron descubiertos hacia 1868 por el almeriense Antonio Góngora y Martínez. Dicha cueva, que da cobijo al Indalo, fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1924 y posteriormente Patrimonio de la Humanidad.
Durante siglos, antes de la catalogación del Indalo por parte de los estudiosos, fue símbolo de buena suerte y considerado un tótem en el norte y levante de la provincia de Almería, especialmente en Mojácar, donde lo pintaban con almagre para proteger las casas de las tormentas y el mal de ojo. Se le llamaba el "muñequillo mojaquero".
A mediados del siglo XX fue tomado como símbolo y bandera de un movimiento intelectual y pictórico encabezado por Jesús de Perceval, discípulo un poco anarco de la visión mediterránea del filósofo Eugenio d'Ors. Por su parte, Perceval reivindicaba la postura vital, la cosmovisión de lo almeriense y la esencialidad de las culturas anteriores desde la antigüedad, en un renacer constante del clasicismo considerado como movimiento eterno que se renueva cíclicamente.
Tan fuerte fue el simbolismo del Indalo para esos artistas e intelectuales que pusieron a su grupo el nombre de movimiento indaliano. Los indalianos veían en su enseña un hombre ancestral sosteniendo un arco iris y simbolizando un pacto entre el hombre y los dioses para evitar futuros diluvios. El estudio del dibujo muestra que la figura no representa otra cosa que un arquero apuntando hacia el ave que vuela sobre él. La palabra Indalo podría tener su origen en la lengua de los íberos: indal eccius, mensajero de los dioses sin embargo es más reconocido el origen del nombre en homenaje al patrón de la ciudad de Almería, San Indalecio.
Templo de Ramses II.El dibujo que da forma al Indalo se puede encontrar no sólo en muchos de los abrigos de la Comarca de los Vélez, sino que además, hay constancia de figuras muy similares fuera de la geografía española. Un famoso ejemplo es el dibujo situado en el Templo de Ramsés II en en Abydos.
En las últimas décadas, el Indalo se ha convertido en el símbolo más representativo de Almería y lo almeriense.
Las buganvillas parecían querer arrastrar al balcón en su caída.
Había flores de todos los colores y las traje para vosotros.
Rosa
Naranja.
Azul.
Se pueden encontrar estrellas en las fachadas y en las puertas, tan solo hay que alargar la mano y coger una.
Y ahora, tras sobrevivir a la ola de calor y a la operación retorno hago un punto y aparte para retornar al trabajo guardando toda la luz y el color del Mediterraneo.