Que frase tan fea, se le puede dar distintos significados, se puede utilizar para referirse a todo aquél que quiere
aparentar lo que no es auqnue en este caso la utilizo según su significado
literal.
Suelo hacer listados mentales de cosas que quisiera hacer y
sin embargo no puedo, se trata de cosas sencillas no me refiero a cosas para
las que necesitaría mucho dinero ni nada parecido.
Últimamente echo mucho de menos poder pintar y esta
actividad encabeza el primer lugar en la lista de mis quiero y no puedo, quizás
estéis pensado que soy una exagerada, que es cuestión de organizarse, que quien quiere
puede, que hay tiempo para todo y yo me digo no sé, no sé.
Aquellos que pintéis sabéis que para ponerse a ello hace
falta tener un espacio apropiado, luminoso y lo suficientemente grande para poder
dejar cuanto se necesita, hay que tener un tarro con aguarrás, otro con linaza,
los pinceles, la paleta, la caja de pinturas, y el lienzo si no se pinta en
caballete, hay que montar la paraeta como yo digo, hasta aquí no hay problema,
este surge cuando no puedes pintar todos los días y has de recogerlo todo para
volverlo a montar la próxima vez, el proceso en si lleva tiempo y es farragoso
sin mencionar algo fundamental y es que lo más probable es que en la siguiente
ocasión las mezclas que preparaste se hayan secado y tengas que preparar otras
distintas en las que ya no recordaras exactamente qué colores utilizaste y en qué
proporción con lo que el color será diferente, a su vez estas nuevas mezclas estarán
inservibles la próxima vez.
He descubierto una escuela de pintura cerca de casa que
tiene muy buena pinta, he visto la exposición de las obras de este invierno y
me ha parecido estupenda lo que me indica que hay calidad, la escuela está muy
bien montada y el ambiente es agradable, en verano preparan talleres y otras
actividades y me dije me gustaría ir y de nuevo el “quiero y no puedo” no
podría acoplar las clases en mis anárquicos horarios, faltaría demasiado.
Tuve unos días más tranquillos y compré un caballete de mesa
para ir empezando, este venía en una caja y no caí en la cuenta de que tendría
que montarlo, soy un desastre bricolageando, no es que tuviese demasiadas
piezas pero con las pocas que había ya tuve mis problemas, aquí os muestro los
tornillos y arandelas que llevaba.
No son mucho ¿verdad?
Uno de los tornillos tendría que sujetar la
pieza pequeña con el marco y el palo.
Lo intenté decidida, era imposible no conseguirlo, eso es lo
que yo creía ¡Que ingenua! El tornillo no alcanzaba a sujetar todas las piezas,
faltaba un trocito, le di vueltas y más vueltas a todo, me fijaba en la foto
que venía en la caja que es de una
sencillez meridiana pero me resultó imposible.
Necesitaba un tornillo más largo o bien devolver el caballete
a la tienda a pesar del apuro que me daba pensar que lo más probable es que
estuviese haciendo algo mal.
Fui a la ferretería y tenían un tornillo que era un poquito
más largo solamente, el siguiente era más grueso y solo me faltaba ampliar el
orificio, aquí si que estaría irremisiblemente perdida.
Forcejeando y haciéndome polvo los dedos conseguí que el
tornillo sujetase todas las piezas a pesar de que queda justito, justito, la
foto es pésima pero se ve.
Lo que no conseguí fue un tornillo dorado, tuve que
coger uno de color acero.
Por fin monté el caballete y para ello necesité tres ratos y
una hora de ferretería porque ya no soy
urbanita ¿recordáis?
Y todo este esfuerzo para seguir instalada en el “quiero y
no puedo”
¡¡¡¡¡Es frustrante!!!!
















